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¿A QUIÉN LE IMPORTA EL JUEGO?


Hace algunos años un famoso, por entonces, periodista español al finalizar un partido donde la selección había logrado la clasificación para un mundial jugando muy mal, hizo la pregunta que sería fundamental para definir lo que nos esperaba. "Sí, el juego, decía el famoso periodista, el juego...jugamos mal ¿y qué?, continuaba eufórico, ¿a quién le importa el juego?", concluía creyéndose lleno de razones que justificaban esa victoria.

En ese entonces a mi me pareció una pregunta descabellada. ¿ Cómo era posible que hubiera alguien a quien no le interesara el juego?. Pero resulta que los años le fueron dando la razón a ese periodista de escasos conocimientos futbolísticos (quizá decir de escasos conocimientos es suficiente) y aun así líder de audiencia. Poco a poco, aunque con una constancia férrea, el negocio fue apartando el juego de las preferencias de la mayoría hasta convertirlo en un trofeo nostálgico y ridículamente romántico.

LA ESTUPIDEZ AL PODER

No se quién dijo que la estupidez es el mejor negocio y efectivamente así parece al menos en el fútbol. Actualmente una catarata de idioteces sin relación alguna con el juego ocupa el centro del mensaje futbolístico que emiten los medios. Y lo peor es que se admite como si fuera lo mas importante.

Por ejemplo, se destaca los kms. que recorre un futbolista a lo largo de un partido. Y se lo compara con sus compañeros de uno y otro equipo en una competencia de cantidad que nada tiene que ver con la calidad ni con el rendimiento. Correr mas o menos no significa nada en si mismo si no tiene un juicio futbolero. Se llega al colmo (siempre momentáneo) de reflejar los kms. que recorre un arquero. Un dato tan inútil que aún en medio de tanta memez resulta insólito.
Se habla de los pases acertados y fallados de los jugadores, sin tener en cuenta los por qué. Si es un problema personal o la consecuencia del funcionamiento del equipo. O sea, otro dato que no sirve para nada.
Y ya que hablamos de inutilidades, digamos que se mide la velocidad máxima de un futbolista...y también la media.
Dicen por ejemplo que Fulano corrió a 35 kms. por hora de máxima y digamos 28 de media. ¿Y qué?
¿Corrió detrás de la pelota, con la pelota, a buscar un pase...etc.?. No se sabe, pero que conste: 35 kms. por hora. Y en todo caso, ¿qué quiere decir?.  Seguramente la media se saca agregando las veces que camina o trota. O sea, que si la velocidad máxima es la fiesta de la idiotez numerada, la media no tiene calificativo o no lo encuentro, que nombre semejante frivolidad inútil.

Sin embargo el asunto me deja pensando. Si los periodistas que se abocan a la desgraciada tarea de difundir esos datos tal vez crean que están cumpliendo con su deber, o sean inocentes de la realidad de sus actos,  el Negocio (así con mayúscula) no tiene nada de inocente. ¿Cuál es el objetivo?. Yo creo que el mismo de siempre. Reducir la capacidad mental de los que escuchan y leen, para así poder convertirlos en clientes mas fácilmente. Algo así como si les dijeran  no piensen, solo compren. Y para poder disfrutar del juego se necesita conocer, sentir, pensar.

EL PODER DE LA ESTUPIDEZ

La moda tiene que ver con lo moderno. Y a lo moderno se lo traduce como bueno. Lo moderno es sinónimo de bueno y lo antiguo de malo.Con esa lógica es bueno comprar un pantalón vaquero todo roto y pagarlo mas caro, porque es moderno. El fútbol no es ni antiguo ni moderno, decía el periodista Dante Panzeri hace mas de 50 años, es bueno o malo, simplemente.
Los entrenadores temen, además de la derrota por supuesto, que los califiquen de antiguos por eso adhieren inmediatamente y sin pensar ni un minuto si le va a servir o no, a cualquier mamarrachada tecnológica que salga en el mercado. Un tema que merece un artículo aparte y que dejo para mas adelante.
Otro de los temores que atormentan a los entrenadores (y en este caso tal vez con razón) es pasar desapercibidos. Saben o intuyen que vivimos en la sociedad de la apariencia, y que es mucho mas rentable parecer que ser.
Entonces han adoptado la moda -no todos, que siempre hay excepciones de donde agarrarse- de estar dando "instrucciones", mejor dicho gritos y señas con los brazos y las manos, continuamente durante el partido a sus jugadores que, como es de fácil comprensión, no pueden verlos ni escucharlos. Y en todo caso, tampoco atenderlos, porque es imposible mirarlos mientras se está jugando y menos entender qué dicen o quieren decir con las piruetas indescifrables que hacen con sus brazos y manos.
¿Entonces por qué lo hacen ?. La pregunta es pertinente porque ellos mismos saben que lo que están haciendo es inútil. En su mayoría han sido jugadores y han vivido la experiencia desde el otro lado como para entender que todo el esfuerzo que derrochan para transmitir no se sabe qué, es tristemente en vano.
Yo creo que consciente o inconscientemente no quieren dejar de parecer importantes  y hacer ver que el juego en realidad depende de ellos mas que de los jugadores. Luxemburgo el DT brasileño, cuando estuvo en el Madrid tuvo la genial ocurrencia de ponerle a los jugadores un pinganillo en las orejas para poder transmitirles sus instrucciones durante el partido. ¡Y hasta lo probó en un partido amistoso!. Finalmente no tuvo éxito porque la FIFA se lo impidió. Posiblemente porque los dirigentes habrán pensado que no era negocio todavía.

Fíjense que contrasentido. Si en realidad los entrenadores tienen que dar ordenes permanentes durante el partido, uno puede pensar que no entrenó en la semana, que los jugadores no le hacen caso o no lo escuchan. Es decir, esa actitud que los periodistas no dejan de elogiar como algo que indica hasta qué punto "están metidos en el partido" o "con qué intensidad (palabra de moda que se usa para todo en el fútbol)  lo viven", jugaría en su contra si se la juzgara con un poco de sensatez.
¿Se imaginan a un director de teatro el día de la función dando instrucciones permanentes a los actores?. Bueno, no sigo para no dar ideas.
En cambio, en el reino de la tontería gelatinosa donde nos encontramos, ese desatino lamentable de los entrenadores es elogiado como una de sus virtudes. Aquél que no lo hace, es que no vive el partido, es pasivo y  lo peor, antiguo.

Y llegamos en este caso a otro colmo provisorio (siempre hay otro en la recámara). Aún en los días de lluvia intensa, o nieve como ocurrió recientemente, esos entrenadores no dejan de estar en la banda, como sufridos y empapados héroes de esta película, cumpliendo con su moderno deber de hacer señas y dar gritos a quienes no los ven ni los escuchan.

Vaya mi respetuosa admiración por este sacrificio en favor del triunfo inobjetable y merecido... de la moderna estupidez.

Por otra parte es la ocultada pero muy real ley del capitalismo: te mata de hambre o de estupidez.










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